Juan Diego, Mensajero de la Esperanza

familiacatolica.org

Página principal              Calendario Litúrgico           Diciembre

 

Para imprimir archivo pdf

 

SAN JUAN DIEGO, MENSAJERO DE LA ESPERANZA

 

Historia de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe

a San Juan Diego, adaptada del Nican Mopohua.

 

Por Xhonané Olivas

 

 

PERSONAJES:

Narrador                                            Nuestra Señora       

San Juan Diego                                Juan Bernardino

Obispo Juan de Zumárraga             Criado del Obispo

 

NARRADOR:  Esta es la historia de un gran milagro que sucedió hace casi 500 años en la Ciudad de México. ¿Has escuchado hablar de Nuestra Señora de Guadalupe? … ¿o de Juan Diego?... Bueno, pues para los mexicanos, estos dos nombres nos recuerdan una de las más bellas historias de amor de Dios por su pueblo. Él quiso que la visita de su Madre a México se conservaran de una forma muy especial y que Juan Diego fuera su mensajero, el Mensajero de la Esperanza.

En esta época, México había sido conquistado por los españoles. Mientras los sacerdotes y misioneros trataban de evangelizar a los indígenas y de hablarles del Dios verdadero, los soldados y gobernantes se aprovechaban de ellos.

¡Qué difícil sería para los misioneros hablarles a los indígenas de amor y perdón, cuando otros españoles los maltrataban!

En esta época vivió Juan Diego. Él  pertenecía a la clase pobre del Imperio Azteca. Su nombre era “Cuahtlatoatzin” que quiere decir “águila que habla” en náhuatl. Él y su esposa fueron de los primeros nativos en convertirse a la fe Católica. Cuando fueron bautizados escogieron los nombres de Juan Diego y María Lucía.  Años más tarde, cuando su esposa murió, Juan Diego se fue a vivir con su tío Juan Bernardino para hacerle compañía puesto que ya era mayor. Juan Diego tenía ya 57 años cuando esta historia empieza.

Cada sábado y domingo, Juan Diego iba a Misa a la ciudad de Tlatelolco. Se levantaba muy temprano, antes de que saliera el sol, para poder llegar a tiempo, pues la iglesia quedaba muy lejos de la casa de su tío.  ¿Te imaginas caminar descalzo por varias horas para ir a Misa? ¡Eso era lo que Juan Diego hacía! Además, las mañanas eran muy heladas, y él tenía que usar una tilma, o manta, para protegerse del frío. Y un día de invierno… el 9 de diciembre de 1531, en su camino, sucedió algo asombroso…

¡Juan Diego escuchó el canto de pájaros más hermoso del mundo!, ¡hasta pensó que estaba soñando! ¡No podía creer lo que escuchaba!

JUAN DIEGO: “¿Qué es lo que ahora oigo?, ¿acaso estoy soñando? o ¿es sólo mi imaginación?”

NARRADOR: Juan Diego miró hacia la cumbre del cerro del Tepeyac, pues parecía que el canto celestial venía de allí. Y de repente, escuchó la hermosa voz de una mujer que lo llamaba por su nombre.

NUESTRA SEÑORA: “¡Mi Juanito, mi Juan Dieguito!”

NARRADOR: Al momento, subió al cerro para ver quién lo llamaba. Ahí vio a una hermosa doncella, que parecía princesa. Su vestido resplandecía como el sol; todo alrededor parecía como piedras preciosas, y la tierra donde estaba parada brillaba como el arco iris. Con una voz tierna, le dijo:

NUESTRA SEÑORA: “Escucha bien, hijito mío el más pequeño, mi Juanito: ¿A dónde te diriges?”

JUAN DIEGO: “Mi señora, mi reina, voy a tu casita de Tlatelolco para las cosas de Dios”.

NUESTRA SEÑORA: “Escucha, hijito mío, el más amado, que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo que aquí se me construya un templo, donde yo seré una madre para todos los que a mí vengan. Yo escucharé siempre su llanto, su tristeza y su dolor…Y para realizar lo que Dios quiere, deseo que vayas al palacio del obispo de México y le digas que yo te envío, como mi mensajero, para hacerle esta petición. Dile todo lo que has visto y oído.

NARRADOR: María, nuestra Madre, al ver el sufrimiento del pueblo azteca, vino a ellos para ofrecerles su amor, su protección, y para enseñarles el camino a Jesús. ¡Quién se iba a imaginar que ella sería la gran evangelizadora de América! Juan Diego aceptó con gusto el encargo y enseguida bajó para dirigirse al palacio del obispo.

CRIADO: “Buenos días Juan Diego, ¿en qué puedo servirte?”

JUAN DIEGO: “Buenos días, vengo porque traigo un mensaje muy importante para el señor obispo.”

CRIADO: “Muy bien, te llevaré con él, sígueme.”

NARRADOR: Y en cuanto entró Juan Diego con el obispo, se arrodilló y le contó el mensaje de la Reina del Cielo, dando detalle de todas las cosas que admiró y escuchó. Desafortunadamente, al terminar, el Obispo Zumárraga no pudo creer lo que Juan Diego le había contado y le dijo:

OBISPO ZUMÁRRAGA: “Hijito mío, regresa otro día para escucharte con calma, me lo cuentas todo de nuevo.”

NARRADOR: ¿Cómo se habrá sentido Juan Diego al ver que el obispo no tomaba en serio lo que le decía? … Juan Diego, regresó al cerro del Tepeyac en donde estaba la Virgen María esperándolo y muy triste le dijo:

JUAN DIEGO: “Señora y niña mía la más pequeña, fui allá donde Tú me enviaste, le di tu mensaje al obispo, pero no me creyó. Por eso te ruego que mandes a alguien importante para que le crean. Yo no soy nadie, yo no valgo nada”.

NUESTRA SEÑORA:Escucha hijito mío, el más pequeño. Ten por seguro que tengo muchos servidores, pero eres tú al que he escogido. Te pido que mañana vayas otra vez a ver al Obispo, y de mi parte dile otra vez mi voluntad”.

JUAN DIEGO: “Señora mía, Virgencita mía la más amada, iré con todo gusto. Mañana por la tarde vendré a contarte lo que me diga el obispo. Quédate tranquila”.

NARRADOR: Al día siguiente, muy temprano en domingo, Juan Diego se levantó para ir a la iglesia. Después de misa y del catecismo, se fue a buscar al obispo. De nuevo tuvo que esperar pacientemente hasta que lo dejaran entrar.

CRIADO: “¡Hola Juan Diego! Veo que has regresado pronto.”

JUAN DIEGO: “Sí, y es que necesito hablar de nuevo con el señor obispo.”

CRIADO: “Está bien, ven conmigo.”

NARRADOR: Al llegar Juan Diego con el obispo, se puso de rodillas y le volvió a dar el mensaje. El obispo Zumárraga le hizo muchas preguntas para asegurarse de que estaba diciendo la verdad, pero aún así no pudo creerle.  Finalmente le dijo:

OBISPO ZUMÁRRAGA: “Juan Diego, no puedo hacer lo que me pides.  Necesito alguna señal para saber que de verdad, es ella, la Madre de Dios la que lo pide.”

JUAN DIEGO: “¡Claro que sí!, Sólo dígame qué señal quiere y yo iré a pedírsela a la Reina del Cielo.”

NARRADOR: ¡Qué fe la de Juan Diego!...El obispo, al ver que no titubeaba, ni dudaba, lo despidió.  Juan Diego corrió con alegría a darle la noticia a nuestra Señora. Ella al verlo, le agradeció todo lo que había hecho y le pidió que regresara al día siguiente. Ella le daría la prueba que convencería al obispo...  ¿Qué señal sería? ¿Qué habrá pensado Juan Diego en ese momento?  Después de esto, Juan Diego se fue a casa, pero al llegar… Juan Diego se dio cuenta de que su tío estaba muy enfermo.

JUAN DIEGO: “¿Qué pasa tío Juan Bernardino?”

JUAN BERNARDINO: “No me siento bien Juan Diego.”

JUAN DIEGO: “No te preocupes tío, yo te voy a cuidar, voy de inmediato a buscar al médico.”

NARRADOR: Juan Diego se dedicó a cuidar de su tío todo el lunes y ya no regresó al Tepeyac como lo había prometido. En la noche, el tío Juan Bernardino le dijo a su sobrino:

 JUAN BERNARDINO: “Mi querido Juan Diego,  por favor ve a buscar a un sacerdote para que me confiese y me dé su bendición antes de morir.”

JUAN DIEGO: “Sí tío, iré en seguida.”

NARRADOR: El martes 12 de diciembre, todavía de noche, salió Juan Diego a buscar al sacerdote. Al acercarse al cerro del Tepeyac, pensó que sería mejor ir por el otro lado del cerro para que la Señora no lo viera y lo retrasara en su encargo. Pero,  ¡cuál sería su sorpresa al ver que la Madre de Dios venía bajando del cerro hacia él!   ¿Cómo supo María que él no iría a verla?... ¿por qué Juan Diego pensó que ella no se daría cuenta?

NUESTRA SEÑORA: “Hijo mío el más pequeño, ¿a dónde vas?”

JUAN DIEGO: “Mi Virgencita, niña mía la más amada. No te enojes conmigo; mi tío está muriendo y debo ir rápido a buscar a un sacerdote a tu casa de México. Mi Señora, perdóname y se paciente conmigo; lo primero que haré mañana será venir a toda prisa.”

NUESTRA SEÑORA: “Hijo mío el más querido: Que nada te espante. No temas esta enfermedad. ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás tú bajo mi amparo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? Tu tío no morirá ahora; ten la seguridad de que él ya sanó en este momento. Ahora sube, Hijito mío, al cerro y allí verás que hay diferentes flores. Córtalas, ponlas juntas y luego tráemelas.”

NARRADOR: ¡Qué palabras tan más hermosas y cariñosas le dijo María a Juan Diego, y pensar que él no quería encontrársela! Juan Diego, se dio cuenta del gran amor que María tenía por él y sin dudar más, al instante subió al cerro… al llegar, sus ojos no podían creer lo que veían, ¡se quedó asombrado al ver la variedad de tantas flores tan maravillosas!.

JUAN DIEGO: “¡Flores en diciembre! y ¡qué aroma! Ahora es cuando hace más frío y hay heladas más fuertes. Este no es lugar para que se den flores y menos en invierno. ¡Parece que estoy en el paraíso!... y ¡qué aroma¡

NARRADOR: De prisa, deleitándose en ese jardín celestial, juntó todas las flores llenando su tilma y regresó con la Señora del Cielo. Ella las tomó con sus manos y las acomodó de nuevo en la tilma de Juan Diego, diciendo:

NUESTRA SEÑORA: “Hijito, estas flores son la señal que le llevarás al Obispo. Ve y no le enseñes a nadie lo que llevas, sólo a él. Le contarás con todo detalle lo que te pedí y lo que viste y admiraste.”

NARRADOR: Juan Diego, feliz, fue a buscar al obispo, seguro de que en esta ocasión sí le creería. En el camino, disfrutaba el delicado perfume que daban las flores mientras cuidaba de que no se le fueran a caer.  Al llegar de nuevo a la casa del obispo, les rogó a los criados que le permitieran verlo, pero ellos no le hacían caso. Juan Diego tuvo que esperar varias horas antes de que le permitieran ver al obispo Zumárraga. Al llegar frente al obispo, con una inmensa alegría le dijo…”

JUAN DIEGO: “Mi señor, con todo gusto traigo la señal que me pediste. La Reina del Cielo me dijo que sólo a usted se la entregara. ¡Aquí la tiene, haga el honor de recibirla!”

NARRADOR: Juan Diego desplegó su blanca tilma, y en el momento en que cayeron las flores, apareció la imagen de la siempre Virgen María de Guadalupe, Madre de Dios. Tan pronto como la vio el señor Obispo, y todos los que allí estaban, se arrodillaron pasmados de asombro, todos estaban profundamente conmovidos. El señor Obispo, con lágrimas en los ojos, le dijo:

OBISPO ZUMÁRRAGA: “¡Perdóname, hijo mío! ¡Perdóname por no atender a tu petición y hacer la santa voluntad de la Madre del Cielo! Por favor, quédate con nosotros hasta mañana para que me muestres en dónde hay que construir el templo.”

NARRADOR: Nuestra Madre María no se conformó con mandarle rosas al Obispo, ¡quiso que su misma imagen se quedara entre sus hijos! Al día siguiente, Juan Diego después de mostrarles el lugar que la Virgen le había dicho, se fue a ver a su tío. Al llegar, lo vio muy contento.

JUAN BERNARDINO: “¡Juan Diego, Juan Diego! ¡Qué alegría verte!”

NARRADOR: Juan Diego le explicó a su tío lo que había pasado con la Señora del Cielo y cómo ella le dijo que lo curaría. Su tío le contestó:

JUAN BERNARDINO: “¡Es verdad Juan Diego! ¡Yo también la vi tal como tú lo dices! Ella me pidió que fuera a México con el obispo, y le contara todo lo que había visto, y cómo me había sanado. La Señora del Cielo, quiere que a su preciosa imagen se le conozca como la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA DE GUADALUPE.”

NARRADOR: A Juan Bernardino lo llevaron con el Señor Obispo, para que diera su testimonio. Juan Diego y su tío fueron hospedados en casa del Obispo hasta que se terminó la construcción del templo a la Madre de Dios.  A partir de ese día, Juan Diego, se fue a vivir a un pequeño cuarto junto al templo y pasó el resto de su vida dedicado a contar el relato de las apariciones de la Virgen a todo el pueblo Azteca. Juan Diego murió en 1548 a los 74 años de edad.

Asombrosamente , después de este gran milagro, millones de indígenas se bautizaron, ¡qué felices estarían los misioneros de ver a tanta gente aceptando a Jesús en sus vidas! Pues antes, apenas unos cientos de ellos se habían convertido a la fe Católica.

Juan Diego, confiando en el amor de María, obedeció y gracias a eso, Dios nos dio uno de los regalos más valiosos que tenemos los Mexicanos: la imagen de su misma Madre. «No ha hecho nada igual con ninguna otra nación», dijo el Papa Benedicto XIV.

El mensaje de la Virgen de Guadalupe, nos llena de esperanza, porque ella nos dice a todos “Que nada te espante…¿No estoy yo aquí que soy tu madre?” , ella cuida de ti, y lo más importante, ella te lleva a su Hijo Jesús.

La tilma de Juan Diego no ha cambiado, todavía se puede ver en la Basílica de la Ciudad de México, ¡después de 500 años!

¡Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros!

¡San Juan Diego, ruega por nosotros!

 

Bibliografía

http://nicanmopohua.net/iniciodelculto.html    

http://www.sancta.org/juandiego_s.html