Virtudes Pentecostés


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Por Cynthia Garza de Hernández

 

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar.  Y de repente sobrevino del cielo un ruido, como de un viento que irrumpe impetuosamente y llenó toda la casa en la que se hallaban.  Entonces se les aparecieron unas lenguas de fuego, que se dividían y se posaban sobre cada uno de ellos. Quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les hacía expresarse.  Hechos2, 1-4

 

Ese ruido de viento impetuoso es la fuerza de Dios, es la fuerza de su gracia, cuántas veces hemos sentido que el Señor nos pide algo grande o quizá no tan grande, que nos cuesta darlo pero que con su ayuda parece que no pesara nada.

 

Lo importante en nuestra vida es cumplir con la Voluntad de Dios, para poderlo hacer hay primero que descubrir en nosotros esa voz que nos va diciendo el camino que hemos de recorrer.  Luego aceptarlo, pero con la alegría de quien sabe, de quien tiene la confianza de que aquello que la vida nos presenta es algo querido y pensado por Alguien que nos ama de forma infinita.  Que nos lo ha demostrado muriendo por nosotros con muerte de Cruz.

 

Cumplir con el plan que Dios ha trazado para cada uno debe ser nuestro proyecto de vida.  Pero cumplirlo de la mejor forma posible.  Ser cristianos supone dar testimonio del amor de Dios por los hombres.  Nuestra vida ha de centrarse en dar ese amor de Dios a todos.  Sin excluir a nadie.

 

En este mundo que necesita tanto de la paz, si  procuráramos dar amor y tranquilidad a todos, la paz estaría construyéndose a través de cada relación familiar o social.

 

Enseñemos a amar, a perdonar, a olvidar los agravios, a pasar por alto las pequeñas cosas que nos ofenden o desagradan, sonreír, desear el bien a todos.

 

La Eucaristía, sacramento de caridad, y la Confesión, sacramento de la misericordia, nos darán esa ayuda que tanto nos hace falta para poder vivir amando.

 

No nos cansemos de hablar de paz, amor, y comprensión, y empeñémonos en reforzarlo con nuestro testimonio de vida coherente.  Hay un proverbio árabe que dice:  “tus obras no me dejan oir lo que que me dices”, que esto no nos pase, contemos con la ayuda de Dios para que el final de nuestros días en la tierra pueda decirse que siempre fue una siembra de paz y alegría.

CGH