Virtudes La Anunciación


familiacatolica.org

Página principal              Calendario Litúrgico             Marzo

 

Por Cynthia Garza de Hernández

 

"En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David. La virgen se llamaba María. 

   Y entró donde ella estaba y le dijo: --Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo. Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué podía significar este saludo. Y el ángel le dijo: --No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.  Será grande y será llamado Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin.

   María le dijo al ángel: --¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?

   Respondió el ángel y le dijo: --El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios.  Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible.

   Dijo entonces María: --He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia!.  Lc 1, 26 - 38

 

San Bernardo al comentar este pasaje expresó: “Todo el mundo espera postrado a tus pies; y no sin motivo, porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados y finalmente la salvación de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje. Da pronto tu respuesta.”

 

La fiesta de la Anunciación nos invita a seguir las mismas huellas de María: una fe generosa que se abre a la Palabra de Dios, que acoge la voluntad de Dios, sea cual fuere y de cualquier modo que se  manifieste, una fe fuerte que supera todas las dificultades, las incomprensiones, las crisis; una fe,  que quiere colaborar fuertemente con el designio de Dios sobre nosotros.

 

La respuesta de María fue inmediata, No pide tiempo para pensarlo, no hay en ella un segundo de duda ni de vacilación, solo pregunta cómo ha de ser para entender cómo ha de hacerlo, y en cuanto lo sabe se entrega de lleno.

 

Y el Verbo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad,  se encarnó e hizo su morada entre nosotros.

 

Este hecho, tan asombroso y admirable, lo mas grande ocurrido en el universo, desde que el mundo es mundo,  se hizo con la mayor sencillez, en la más absoluta intimidad, sin espectáculo, ni publicidad, sin que nadie se enterara...  ¡Qué cosas tan extraordinarias hace Dios a través de lo ordinario!

 

Cada uno de nosotros,  decidámonos a estar dispuestos a responder así, como ella, en la fe y la obediencia y cosas muy grandes se obrarán también a través de nuestro sí humilde y escondido. Te aseguro que resonará en el Cielo, cada obra buena, cada palabra de consuelo, cada gesto de amor.

 

¿Has reflexionado alguna vez en lo importante que es, el que cada uno cumpla con lo que está previsto? 

 

Cosas tan pequeñas como el que cada estudiante, cumpla con sus deberes, cada ama de casa, atienda su hogar e hijos, cada profesionista sea responsable y honrado, cada trabajador, aproveche el tiempo y lo ocupe responsablemente. Cumplamos con nuestro deber de cada instante, por amor a Dios y a nuestros hermanos los hombres. Haciendo así mas humana y amable la vida a los demás. 

 

Seremos entonces sembradores de paz, alegría, serenidad y promoveremos la esperanza, pues ya viviendo así adelantamos un poco las promesas del cielo. En la vida de todos hay esa etapa del conocimiento de nuestra vocación, no dudemos que primero que nada es la de llegar al Cielo, pero acordémonos que nadie llega solo ahí.

 

¡Qué ilusión encontrarnos en el Cielo reunidos para toda la eternidad a nuestros seres queridos!

 

Luego viene la etapa de la fidelidad, de la continuidad a ese sí, saber dejar de lado todo lo que se oponga o nos aparte aunque sea poco de esta Voluntad de Dios sobre nosotros.

 

La prudencia nos lleva a pedir consejo, de quien sabemos nos ayudará y animará para que sigamos adelante.

 

San Josemaría Escrivá de Balaguer repetía saboreando una frase hermosa cuando las cosas no iban tan prósperas, “Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada, la justísima y amabilísima Voluntad de Dios sobre todas las cosas, Amén, Amén.”

 

Demos gracias a María por su sí y pidámosle que nos ayude a ser  humildes y obedientes a la voluntad del Señor  como ella lo fue.